“César Vallejo: 125 años del príncipe mestizo”, por José Bocanegra
On marzo 16, 2017 | 0 Comments

Me moriré en París con aguacero
un día del cual tengo ya el recuerdo

César Vallejo

César Vallejo

Se cumplen hoy ciento veinticinco años del nacimiento del que para Thomas Merton o Martin Seymour-Smith fuera el más importante poeta de su siglo en todas las lenguas, el mestizo de Santiago de Chuco (La Libertad, Perú) que profetizó su propia muerte, el autor de la obra más compleja, enigmática y vanguardista de cuantas se hayan escrito en verso, César Abraham Vallejo Mendoza, conocido simplemente como César Vallejo.

El menor de once hermanos es educado para el sacerdocio, pero acaba matriculándose en la Facultad de Letras de Trujillo y en la de Medicina de Lima, en una época de idas y venidas condicionadas por la precariedad económica.

La bohemia trujillana o Grupo Norte

La bohemia trujillana o Grupo Norte

En Trujillo, donde finalmente se decanta por las letras, se integra en la bohemia trujillana, posteriormente denominada Grupo Norte. Corre el año 1916 y comienza a publicar sus primeros poemas. En el terreno del amor inicia una serie de romances que marcarían su vida personal y su obra poética. María Rosa Sandoval, inspiradora de Los heraldos negros, Mirtho, por quien tontearía con la idea del suicidio, Otilia, omnipresente en Trilce.

Los heraldos negros (1915-18)

Edición príncipe de Los heraldos negros

Edición príncipe de Los heraldos negros

¡Amor! Y tú también. Pedradas negras
se engendran en tu máscara y la rompen.
¡La tumba es todavía
un sexo de mujer que atrae al hombre!

Su primer poemario, Los heraldos negros refleja una influencia modernista, aunque ya se advierten rasgos personales del autor, que comienza a configurar un universo propio en el que el sufrimiento, el dolor o la muerte hacen acto de presencia desde una perspectiva existencialista.

Trilce (1918-22)

En 1918, el infortunio se ceba con el poeta, que regresa a Santiago el Chuco tras la muerte de su madre y es injustamente acusado del incendio y saqueo a la casa de la familia Santa María Calderón, unos arrieros negociantes de mercaderías y alcohol. A consecuencia de este hecho, pasará en el calabozo de Trujillo 112 días, desde el 6 de noviembre de 1920.

Trilce

Trilce

Es en estos años cuando compone Trilce, que originalmente se llamó Cráneos de bronce, un poemario en el que deja atrás el modernismo para alumbrar la que sin duda alguna es la obra cumbre de la vanguardia poética en lengua castellana y, para algunos críticos, en cualquier lengua del mundo. En ella retuerce el lenguaje y la sintaxis, destruyendo y creando palabras o borrando referentes para elevar el grito expresionista de una obra de arte enigmática surgida desde lo más profundo del alma humana. El libro abre con un poema en el que se lamenta de los guardias del calabozo, que le metían prisa para terminar cuando estaba en el cuarto de baño.

Quién hace tanta bulla, y ni deja
testar las islas que van quedando.
Un poco más de consideración
en cuanto será tarde, temprano
y se aquilatará mejor
el guano, la simple calabrina tesórea
que brinda sin querer,
en el insular corazón,
salobre alcatraz, a cada hialóidea
grupada.
Un poco más de consideración,
y el mantillo líquido, seis de la tarde
DE LOS MÁS SOBERBIOS BEMOLES
Y la península párase
por la espalda, abozalada, impertérrita
en la línea mortal del equilibrio.

Son setenta y siete poemas sin título, que el autor numera en romanos. Cada pieza es una obra maestra, un enigma difícil de descifrar pero que se presenta al lector como un cofre del tesoro hermético que no nos resistimos a intentar abrir. El tono del poemario es duro, repleto de nostalgia, recuerdos dolorosos de momentos difíciles, amores tortuosos… y sobre todos ellos planea, siempre, la sombra de la muerte.

Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día,
Palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.

Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la Sombra,
aunque la Muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia,
pienso, sí, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.

Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo.

¡Odumodneurtse!

Sin embargo, la cumbre de la vanguardia poética no fue reconocida en el momento. Hasta que en 1930 se publicó en España, se habló poco de esta obra, y en ocasiones para despellejar a su autor, de quien se llegó a decir que había escrito algo incomprensible.

Viaje a Europa

En 1923, el poeta toma rumbo a Europa, de donde no regresaría jamás. Viaja a París, donde se involucra en la vida cultural y donde conoce a su último amor, Georgette. Durante los siguientes años no vuelve a publicar ningún libro de poemas, pero sí abundantes obras de narrativa (El Tungsteno, Paco Yunque…), ensayo (El arte y la revolución) y teatro (Colacho hermanos o presidentes de América), todas ellos impregnados por el ambiente revolucionario que se vive en Europa tras la revolución rusa.

Paris, 1923

Paris, 1923

Muerte en París

Es el año 1938 y, aquejado por una enfermedad desconocida, Vallejo ingresa en el hospital el 24 de marzo. Hoy se sabe que fue una reactivación del paludismo que sufrió en su infancia. El 8 de abril sufre una crisis para dejar la vida una semana más tarde, el día 15. Es un día de lluvia en París, tal como él mismo había profetizado en su poema Piedra negra sobre una piedra blanca, publicado póstumamente en Poemas humanos.

España, aparta de mí este cáliz y Poemas humanos (1939)

Los poemas que escribe durante esa época serán recopilados a título póstumo por su viuda, Georgette bajo los títulos España, aparta de mí este cáliz y Poemas humanos, en un mismo volumen. Vallejo, sin abandonar nunca los rasgos estilísticos y estéticos de su poesía, transita hacia una poética más comprometida social y políticamente y, como es lógico, semánticamente más fácil de comprender.

Hombre de Extremadura,
oigo bajo tu pie el humo del lobo,
el humo de la especie,
el humo del niño,
el humo solitario de dos trigos,
el humo de Ginebra, el humo de Roma, el humo de Berlín
y el de París y el humo de tu apéndice penoso
y el humo que, al fin, sale del futuro.
¡Oh vida! ¡Oh tierra! ¡Oh España!
¡Onzas de sangre,
metros de sangre, líquidos de sangre,
sangre a caballo, a pie, mural, sin diámetro,
sangre de cuatro en cuatro, sangre de agua
y sangre muerta de la sangre viva!

César Vallejo está enterrado en el cementerio de Montparnasse, en cuya tumba Georgette Vallejo escribió el siguiente epitafio:

He nevado tanto para que duermas

Leave a reply