Cadena de plata.
On noviembre 5, 2016 | 0 Comments

Silbaba sin parar una tonada y no recordaba bien su origen. Escondido en algún pliegue del neocortex tenemos la Enciclopedia Británica de nuestra vida, la Espasa Calpe de lo que hemos sido. Cientos de miles de entradas de la Egopedia que, de cuando en cuando, se regurgitan y no sabemos qué hacer con el bolo de recuerdos, ciertos algunos e inventados otros, para evitar sucumbir a la derrota del tiempo antes de que suene la campana. No tires la toalla todavía.

Cuando no encuentro, simplifico. Amor y muerte. Eros y Tánatos. Las dos grandes categorías de la taxonomía de la vida humana. Eso hice con la tonada esquiva, busqué en profundidad en las dos. Pero nada. Para entonces el silbido ya se había transformado en tarareo. Incluso podía discernir dos palabras entre el soniquete nasal: Silver Chain. Cadena de plata. Cadena de plata. Tremendo. En inglés suena a chaleco, reloj, naipes y revólver. En español a gaucho, a caló, a noches de verano de calor hirviente, a pasión desbocada no correspondida. Tan fino hilaba pero no daba con la canción.

Stage

Estaba en un hotel. En una mínima habitación de hotel. Con dos camas sencillas, una silla de madera barnizada y asiento de imitación de cuero con reborde de tachuelas, una mesilla de recibidor a modo de escritorio y un armario empotrado que se reflejaba en un espejo de cuerpo entero. El baño era tan pequeño que para cagar había que sacar las piernas fuera. Por tan solo 25 euros la noche péguese el gustazo de ser uno de los privilegiados y escasos seres humanos que han defecado estando en dos habitaciones a la vez. Y sin bilocaciones ni trucos de ilusionista. La puerta de la habitación quedaba en la penumbra de un corto pasillo.

Me gustaba mirar la puerta de la habitación. Parecía lejana en su apariencia grisácea. Distinta del resto del cuarto. Como perteneciente a otra estancia en otro hotel. Silver chain. Cadena de plata. Entonces lo vi claramente. Allí estaba el fantasma de Rowland S. Howard. Me sostenía la mirada con ojos tristes y ojerosos. El pelo encrespado. Sus labios, morados como los de un ahogado, me dieron la respuesta pero sin emitir sonidos. Leí en su boca:

Teenage Snuff Film.

Silver Chain.

Fear and self loathing / Forged a chain of silver ore / By the time I stop singing / You won’t love me anymore. / I ran to the river / Crying river cure me / But the river just laughed / Washing sand over me.”

Recapitulemos: Una habitación de hotel, una canción atrancada, un fantasma con ganas de conversación pero sin voz y mis lágrimas de alegría al recordar, por fin, todo de golpe.

En 1999 el panorama musical estaba tremendamente abierto a la diversidad. El Punk sólo era un recuerdo lejano, pero algunos músicos recalcitrantes se aferraban a los sonidos desgarrados y grises del No Wave. Entonces, un grupo de australianos construyó sobre los cimientos del amor, tristeza, dolor y enfermedad de Rowland S. Howard, un edificio sónico apenas visitado por unos pocos pero que deja una sensación de chirrido y corrosión en el alma de todo músico profesional o diletante con afición por la velocidad, el cuero negro, las noches eternas, el vampirismo y los trajes de novia manchados de grasa y de barro en los bajos.

Girl child your daddy’s / Silver chain’s nine miles long / From every link of that chain / Hangs a heart he has wronged / Little girl take the length / Of your father’s bright chain / And bind me to you / I don’t care what you do.”

Los culpables de la obra maestra del punk psicótico australiano, además del mencionado Rowland S. Howard gimiendo y rasgando las guitarras, dos viejos conocidos del panorama internacional en las últimas cuatro décadas. Al bajo Brian Hooper de los Beasts of Bourbon, uno de los grupos más guapos y cañeros de mediados de los ochenta. En la batería y el piano el badseed Mick Harvey, posiblemente el músico más acertado, creativo y desconocido de la actualidad. Sus producciones para P.J. Harvey y Nick Cave, sus bandas sonoras y esos maravillosos discos de versiones de Serge Gainsbourg así lo demuestran. Otro día hablaremos de él.

I ran to the fire / Fire purify me / The fire licked my skin / But it did not set me free / I turned to the bottle / Alcohol cure me / Let me sleep without dreaming / Alcohol lied to me.”

M.M. ¿Por qué Teenage Snuff Film?

R.S.H. Porque describe perfectamente la idea que unifica el contenido del disco como una roadmovie adolescente.

M.M. El crimen y el amor están muy presentes en toda tu obra, incluso con The Birthday Party y These Immortal Souls.

R.S.H. Hablemos de Teenage Snuff Film.

I spoke to the forest / I spoke to the trees / I spoke to the river / But it did not speak to me / I carved your name / In the cypress tree bark / I tattooed your name / In a ring round my heart.”

M.M. ¿Quieres reconducir la entrevista? El que hace las preguntas soy yo. Los muertos sois unos petulantes porque lo tenéis todo amortizado.

R.S.H. ¿Si prefieres me voy?

M.M. No, quédate un rato. ¿Es Silver Chain la mejor canción que has escrito?

R.S.H. Puede ser. Personalmente prefiero Dead Radio o Autoluminiscent.

M.M. Hablemos de drogas.

R.S.H. Uno de tus temas favoritos…

M.M. ¿No te interesan? Como modo de experimentación y profundización musical y literaria.

R.S.H. No sé de qué me hablas. Los fantasmas tenemos una memoria selectiva de elefante.

M.M. ¿Memoria selectiva de elefante?

R.S.H. Me aburres. Me voy. Tengo que probar sonido. Toco esta noche el Heaven Palace.

Y desapareció como si fuera agua precipitándose por un sumidero.

No volveré jamás a ese hotel. Le cogí miedo al asunto. No creo en el Más Allá, ni en la inmortalidad del alma, ni en cielos ni infiernos salvo los que hay en la Tierra. Pero le cogí miedo. Temo estar enganchado a un extremo de una cadena de plata fija en su otro límite a algo informe, difuso y complicado.

I wore out my welcome / I wore out myself / I wore out my reason / I wore out my health / I forgot my name / On the day that you came…”

M.M.

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